jueves, 22 de noviembre de 2007

José Manuel Varó “El maestro”


 


 

El pasado domingo, mi admirada y querida Ángeles Cáceres nos acercó con el gusto, la simpatía y la profundidad que ella tan bien expresa, a la personalidad humana y profesional del gran José Manuel Varó, "el maestro".

Quienes hemos tenido la inmensa suerte de poder disfrutar y compartir sus enseñanzas, siempre le estaremos en deuda y en eterna gratitud. José Manuel a lo largo de tantos años de profesión ha sido capaz de desplegar conocimientos como nadie. Su carácter abierto y generoso le ha convertido en una fuente de saber inagotable que él pone a disposición de los oídos y de las mentes inquietas y deseosas del saber culinario. José Manuel nunca ha sido egoísta en saberes, ha sido un ejemplo de la didáctica en estado puro y sólo con su buen hacer ha derrochado clases magistrales para beneficio de todos. Toda una virtud. Su guerra siempre ha sido consigo mismo, con la desbordante inquietud en alcanzar el máximo conocimiento, con su espíritu y su alma ávidos de conocer y perfeccionar su buena gastronomía.

Siempre ha tenido el merecido reconocimiento a su labor aunque para él lo más importante reside el la búsqueda de los nuevos sabores, el la conjunción de la cocina de siempre con la última vanguardia, en la innovación y el cuidado de las técnicas, en la adaptación de las nuevas propuestas y en el inmenso respeto por el beneficiado final, el cliente. Para José Manuel la felicidad completa solo se demuestra en la alegría del comensal, en su rostro feliz después de un buen plato, en el merecido halago o en la crítica constructiva que le ayudará a perfeccionar su cocina. José Manuel cocina, crea y disfruta entre fogones como el afortunado anfitrión de un banquete entre amigos. Su vanidad es nula y su saber tiene la humildad que sólo los genios consiguen.

Una sobremesa con José Manuel es un placer para el saber, derrocha anécdotas, cuenta sus trucos, comparte alegrías y desborda nobleza. Verle trabajar con su mente clara y concentrada debería ser una asignatura obligatoria para los nuevos profesionales. Su condición de "maestro" es algo que ha conseguido por méritos propios y por una dedicación y un amor constante a su querida profesión.

José Manuel nunca se podrá jubilar, su mente sigue elaborando placeres, sigue creando delicias, sigue abierta y despierta y entre los fogones de su alma sigue buscando el plato perfecto.

Quienes amamos el precioso mundo de la hostelería siempre tendremos y tenemos en José Manuel un espejo en que mirarnos y en el que vemos reflejado su personalidad y su alma.

Sólo me permito en estas líneas un atrevimiento, darle el merecido recuerdo a nuestro querido Jesús Muñoz, compañero de viaje y de amores de José Manuel todo un envidiable ejemplo de fidelidad y amistad.

Gracias José Manuel por hacernos mejores profesionales y por haber compartido tus "saberes y sabores" con todos. De corazón, gracias.