jueves, 22 de noviembre de 2007

EL BURGOÑON, TODA UNA EXPERIENCIA


 

Dice el gran Ferrán Adrià que lo que más le halaga de quien visita su templo gastronómico es el comentario de que "no han comido, sino que han tenido una experiencia". Mi buen amigo y mejor cocinero José Manuel Varó comenta que "cuando el comer se convierte en una rutina o en algo efímero no es gastronomía, es sólo, alimentación". Afortunadamente, todavía es posible y muy reconfortante descubrir lugares en los que la buena gastronomía y el placer de nuevas experiencias, existe y está a nuestro alcance.

En el casería alicantino de Tángel, apenas a unos ocho Kilómetros de nuestra capital, desde hace unos meses podemos disfrutar de los placeres de la buena mesa gracias a una apuesta decida, concisa y firme en un establecimiento en el que el comer se transforma en una experiencia sensitiva excepcional. Situado en lo que antiguamente se conocía como en Mesón del Cazador, el Restaurante El Borgoñón ha irrumpido en el panorama gastronómico provincial con una fuerza sin igual. Su propietario y cocinero, Eddy Dewil, quien ha trabajado en restaurantes con una y dos estrellas Michelín y quien ha sido miembro de un equipo ganador de un Bocusse D´Or, ha creado un oasis gastronómico en el que la pasión y el amor por la gastronomía se ven reflejados en todos los aspectos de su propuesta gastronómica. Eddy, junto a su mujer Leentje, ha reformado totalmente el antiguo Mesón El Cazador, creando un espacio coqueto, elegante y cómodo en el que poder reunirse (tiene un espacio habilitado para las reuniones de grupo o trabajo con las últimas tecnologías y la comodidad de las conexiones wifi) y gozar con una carta adecuada a la última vanguardia gastronómica y afianzada en unos planteamientos técnicos, cuidados y precisos que sólo la buena y delicada gastronomía es capaz de conseguir.

Eddy es un tipo al que se le nota desde el primer momento su pasión y su amor a la gastronomía y su profesión. Sus creaciones reflejan una pasión desmedida hacia los buenos usos culinarios y sus platos son un reflejo del amor hacia un oficio y un modo de vivir casi en desuso. Repartir pasión y amor es una tarea, la mayoría de las veces ingrata y estéril, pero Eddy lo consigue a diario con unas elaboraciones cuidadas, elegantes, sabrosas y repletas de sabores y saberes que hacen que la visita a su casa se convierta y se transforme en toda una experiencia sensorial.

Algunas perlas: "la ensalada de tomates con mozzarella de búfalo (espectacular) y jamón ibérico", o "el pulpo confitado con mermelada de naranja amarga (con un punto de cocción inigualable y con un sabor y unas texturas técnicamente perfectas). Capítulo aparte merece el Foie-Grass de pato, sencillamente es una verdadera obra de arte. (Yo entiendo el arte como una expresión de amor y pasión). De verdad que Eddy lo consigue. La "Brocheta de vieiras y gambas con caldo de bogavante" es todo un homenaje a la vanguardia culinaria. Después de un sinfín de pasiones, en sus postres riza el rizo y transforma el epíteto de cualquier comida en una sinfonía de placeres. (Sus milhojas de muesly y cacao con frutas son algo que deberíamos tener todos en nuestros deberes gastronómicos terrenales). Su bodega es un reflejo de su buen hacer y está a la altura de su cocina. Tarea difícil, pero conseguida.

Sin duda, lo mejor de cualquier experiencia gratificante o reconfortante, es que se pude repetir. Yo, palabra, repito. Restaurante El Borgoñón, toda una experiencia.