jueves, 22 de noviembre de 2007

HA LLEGADO EL VERANO HA LLEGADO EL VERANO


 


 

Ha llegado el verano súbitamente a nuestros corazones y a nuestras almas. El tiempo avanza mucho más lento de repente. Las horas de ocio son una alegría en nuestros días de vacaciones, nuestros cuerpos están ávidos y listos a percibir nuevas y agradables sensaciones y el comer pasa de ser una rutina a convertirse en un vehículo de placer, de amigos y de buenos ratos.

Tanto la gastronomía como la hostelería en general, en estos periodos estivales adquieren un papel protagonista en nuestro quehacer diario. Nuestros hábitos cambian, disponemos de más tiempo para el buen comer y el buen beber y buscamos el refugio de los establecimientos de hostelería para encontrar el fresco cobijo de la buena gastronomía.

En verano nuestros sentidos se hacen mucho más selectivos. Tanto las cenas como las comidas son una excusa perfecta para el disfrute y el gozo. Ahora disponemos del tiempo suficiente para una correcta digestión, la reconfortante siesta nos ayuda por el sosiego que compartimos en los brazos de Morfeo.

En esta época los profesionales de hostelería realizamos un esfuerzo extra para poder ayudar en el placer ajeno. Este esfuerzo muchas veces no se ve del todo recompensado, el cliente se vuelve mucho más exigente y muchas veces acude a sitios abarrotados con la exigencia como bandera. En este periodo la calma debería de imperar sobre la impaciencia y ser tanto los profesionales como los clientes un poco más benévolos con los errores ajenos.

Los establecimientos de temporada, los chiringuitos, los bares, los hoteles y cualquier establecimiento que en esta época estival adquiera un mayor nivel de trabajo deben de plantearse una política profesional consecuente con el volumen de trabajo a desarrollar. Todos los profesionales sabemos que el trabajo en verano no es una ciencia exacta y que nunca sabemos cómo va a salir el día, no sabemos si trabajaremos mucho o poco y desconocemos muchas veces el número de personal que vamos a necesitar, todas estas dudas nos valen como excusa cuando no realizamos bien nuestro trabajo.

Debemos de ser más críticos y buscar formulas para que le cliente, que es nuestro fin, se sienta satisfecho. No debemos caer en los tópicos de que "no hay profesionales" o de que "la cosa está muy mal" o de que "esto es muy difícil". No olvidemos que todos somos profesionales y por ello las excusas no valen.

Vamos a profesionalizarnos bien y con criterio, vamos a buscar turnos de trabajo en el que los profesionales se sientan satisfechos, vamos a formar a nuestros empleados y, lo más importante, vamos a ser serios y respetuosos con quien nos da de comer, el cliente.

Los estómagos agradecidos son los corazones más felices. Reflexionemos.