martes, 9 de noviembre de 2010

Ferrán Adriá, “El Bulli sólo se transforma”



Hablar con Ferrán Adriá es como cocinar lentamente el plato de toda una vida. Ingredientes de pasión, de esfuerzo, de trabajo, de innovación, de compromiso y sobre todo, de creatividad. Su hablar medido transmite la humildad que solo la genialidad posee, sus palabras son sinceras, parcas en vanidades y repletas de la verdad del convencimiento.

“Cerrar El Bulli, solo supone un hasta luego” nos explica Ferrán, “cuando se camina durante tantos años en una misma dirección, hay que parar y ver el camino recorrido. Es el momento de ordenar, de recapitular, de valorar y de aprender lo andado, sobre todo sin la presión de tener que caminar rápido y sin detenerse”. “Para nosotros”, continua Ferrán, “tener un restaurante que lleva 50 años y que ha ido evolucionando sin descanso desde sus principios, es una responsabilidad que nos lleva a un periodo diferente al que hemos estado llevando hasta ahora. Este nuevo proyecto lo presentaremos en Enero, pero hay que tener la idea clara: El Bulli sólo se transforma”

Sus nuevos retos y la nueva etapa de El Bulli está muy clara:” El Bulli será un nuevo centro de creatividad, de puesta en marcha de grandes proyectos culinario, un centro de estudios gastronómicos, en referente en el universo culinario y académico, y la casa de la gastronomía”.

Sus palabras y pensamientos derrochan sabor de buena gastronomía: “hay algo en todo lo que hacemos que nos lleva a cambiar y evolucionar, algo común que nos ha motivado siempre: la ilusión”, “ahora estamos muy, muy ilusionados en esta nueva etapa, la ausencia de la presión de la creatividad diaria nos relajará en la búsqueda de nuevas ilusiones y el reto nos emociona”

Sobre el Congreso LMG y la provincia de Alicante, Ferrán Adriá afirma en sus afirma: “yo siempre he dicho que Alicante es uno de los lugares donde mejor se come del mundo, sus productos autóctonos son excelentes (hoy mismo me han propuesto elaborar un plato con un conejo de campo, granadas de Elche y dátiles, y el resultado sería una maravilla), sus gentes activas y decididas, y la gastronomía alicantina toda una gozada culinaria”.

Sus sentidos también conviven con su humildad:” mi mejor aroma es el olor a mar, a su calma o a su bravura, en tormenta, de día o de noche…el tacto más deseado para mí siempre es el humano, del sonido, cómo no, el mar otra vez cuando su oleaje entra por las ventanas de Cala Montjoy, y el gusto, lo tengo mucho más claro, es infinito.”