jueves, 9 de septiembre de 2010

La honestidad gastronómica

En los tiempos inciertos que corren, la honestidad se ha convertido en la mejor aliada de la gastronomía. El trabajo bien realizado, el compromiso por el servicio de calidad, el esfuerzo por la búsqueda de la satisfacción del comensal, el sacrificio diario en las largas jornadas, el atrevimiento y la valentía por nuevos conceptos y tendencias gastronómicas o la recuperación de las fieles raíces culinarias, son los caminos que muchos de los profesionales de la restauración de toda nuestra provincia usan en su día a día de lucha por la excelencia gastronómica y turística.

Cuando muchas veces la gastronomía entra en los vericuetos del esnobismo, de la falsa vanguardia, de la crítica o la alabanza desmedida o de la falsa vanidad de nuevos profesionales sin ninguna experiencia y sólo con el garante de algún curso de gastronomía o una estancia en un famoso restaurante, es un verdadero alivio y soplo de aire puro seguir encontrando a las buenas gentes de la gastronomía provincial que siguen creyendo a pies juntillas en la honestidad como la mejor herramienta de su quehacer diario.

Una herramienta que nace desde la verdad del producto con el que se cocina, desde la pureza de las materias primas que brotan en el entorno donde el profesional hace su trabajo. Una herramienta que vive con pasión la creatividad sin regalos a la rutina y que desarrolla e innova desde el respeto y la conservación de las tradiciones, y que discurre por los senderos de la valentía y el atrevimiento como pacíficas armas del buen hacer gastronómico.

Verdad, pasión, valentía, compromiso, atrevimiento y trabajo, trabajo y trabajo, son los pilares en los que la honestidad gastronómica se sustenta y los que aguantan los temblores de los vaivenes en el difícil trabajo de la restauración. La honestidad gastronómica no es la receta milagrosa para el éxito pero, sin duda, ayuda a la satisfacción personal en el duro trabajo de contentar los estómagos ajenos.

Reflexionemos.