martes, 19 de abril de 2011

LA RUTA DEL VINO


Recorrer al cálido sol alicantino los campos de viñedos, ver su floración, su poda o la alegría desbordada de la vendimia; visitar y respirar el aroma profundo de las bodegas; hacer un recorrido gastronómico por los mejores platos tradicionales o de vanguardia de la rica gastronomía alicantina; visitar y poder comprar en las tiendas especializadas nuestros mejores productos llenos la calidad y repletos de la frescura del entorno cercano; dejarse aconsejar y seducir por las ofertas de actividades de las diferentes empresas de turismo que organizan rutas, actividades o propuestas relacionadas con la naturaleza o con el mundo del vino; alojarse en los variados y singulares alojamientos y casas rurales u hoteles de todas nuestras comarcas del vino; vivir y disfrutar de las tradiciones, de la riqueza cultural, de los paisajes o de las buenas gentes de nuestros municipios vinícolas; o simplemente disfrutar de una provincia abierta a nuestros sentidos… son las incontables ventajas de La ruta del Vino.

La Ruta del Vino es una maravillosa realidad que refuerza y aúna voluntades en la búsqueda de un nuevo valor añadido a nuestra gran oferta turística provincial. Gracias al esfuerzo y al enorme trabajo de diferentes actores protagonistas del mundo del vino, de la restauración, del turismo, de la cultura, de entidades públicas como ayuntamientos o mancomunidades, de pequeñas o grandes empresas privadas, y de un sinfín de buenas gentes que quieren y luchan por dinamizar y reforzar las riquezas de su entorno, la Ruta del Vino va tomando cuerpo como una maravillosa alternativa en nuestro ocio, y como la excusa perfecta para conocer y disfrutar de lo cercano.

Ayuntamientos, mancomunidades, empresas de turismo, establecimientos de restauración, casas rurales, hoteles, tiendas especializadas, comercios tradicionales, enotecas, o bodegas, forman el variado abanico de posibilidades y ventajas que ofrece la Ruta del Vino.

Hospedarse en una casa rural o en un hotel, visitar las bodegas cercanas, comprar los mejores productos o vinos de nuestra tierra, visitar y degustar los vinos de nuestras bodegas, compartir una aventura con la naturaleza como compañera, deleitarse con la mejor gastronomía de los establecimientos de restauración de los municipios de la Ruta del Vino, comprar y llenar nuestra despensa con los productos típicos y singulares de cada localidad, o simplemente ver un atardecer primaveral u otoñal en los valles rodeados de viñedos, es una experiencia para nuestros sentidos que tenemos muy a nuestro alcance y que ha tomado cuerpo y forma en La Ruta del Vino.

A disfrutarla. ¡¡¡¡ Reflexionemos.