miércoles, 30 de junio de 2010

EL DESEADO VERANO

Aunque parezca mentira, este invierno ha durado casi lo mismo que el anterior, bueno miento, siete minutos más. Tiempo suficiente para vender una caña. Pero este invierno las cañas se han vendido menos que otros años y este largo y duro invierno parece que para el sector de la hostelería, ha durado muchísimo. Ahora nos llega el verano y todas nuestras esperanzas de trabajo, de ocupación y de alegría se sustentan en la base de la incertidumbre.

"Yo, con que sea igual que el verano pasado me conformo", es la frase más repetida por los arriesgados empresarios de nuestro sector de la hostelería y la restauración. "Sólo con trabajar un poquito para poder pagar, ya me vale". Da la sensación que la resignación es la tónica dominante, que la crudeza de los tiempos raros e inciertos vividos por nuestro sector últimamente han mermado el carácter decidido, innovador, luchador, constante y emprendedor de los nuestros. Esas sensaciones nos hacen a todos los que formamos parte de este gran y divertido circo de la hostelería dudar sobre lo que hacemos, sobre cómo lo hacemos y sobre el futuro que nos espera.

Servidor ya saben que es siempre positivo. Así que arenga al canto. Somos muy buenos en lo que hacemos. Llevamos una tradición hostelera a nuestras espaldas que nos debe hacer ver el futuro desde la perspectiva de la experiencia. Tiempos de estos ya han pasado muchos, y seguimos al pie del cañón cocinando arroces, vendiendo nuestro mejor pescado o poniendo copas y música a nuestros fieles visitantes. Nuestro sol sigue siendo nuestro mejor aliado y nuestro cuidado por la tierra que nos da de comer, nuestro mejor valor. Nuestros visitantes no han dejado de venir, seguramente vienen menos tiempo y un poquito más comedidos en su gasto, pero eso no nos debe importar. Estamos para servirles, siempre lo hemos estado. Nuestro carácter servicial, hostelero al fin y al cabo, nos ha definido como buenos profesionales y nunca nos ha importado realmente lo que gasta el cliente. Nuestro fin siempre es el mismo, servir bien, fidelizar al cliente y garantizar su vuelta. Lo tenemos todo para no caer en la desilusión o en la resignación. La formula es sencilla, siempre la hemos usado y ha funcionado: trabajar, trabajar y trabajar pero con la ilusión, la pasión, el esfuerzo, el sacrificio, el compromiso y la dedicación que nos ha hecho ser una provincia hostelera de primer nivel y un referente gastronómico y turístico ejemplar.

Lo dicho: a trabajar, y que este deseado verano realmente colme nuestras esperanzas e ilusiones. Nos lo merecemos. Reflexionemos