lunes, 29 de junio de 2009

]EL CAMPELLO O CÓMO CASTRAR UNA TRADICIÓN

Servidor, después de pensar y recapacitar sobre lo sucedido en la noche de San Juan en El Campello, todavía no ha encontrado una explicación ni tampoco un principio de explicación o motivo lógico sobre la prohibición por parte de nuestro ayuntamiento de no permitir encender las clásicas y tradicionales fogatas en las playas de nuestro mal dirigido pueblo. A servidor le enseñaron desde chiquitín, con paciencia y sabiduría, en mantener el respeto por sus mayores, en ayudar a los demás, en ser cuidadoso con el medio ambiente que le rodea, en cuidar a los animales y a las plantas, en vivir y en dejar vivir, y también en respetar las tradiciones del pasado que nos ayudan en mejorar el futuro.

La imagen de la Policía Local ayudados por la Guardia Civil con sus botas, sus porras y sus pistolas, metidos en las arenas de la playa de todos, apagando las tristes hogueras prendidas por grupos de amigos, por pandillas de jóvenes alegres y por familias completas con padres, madres, abuelos y niños con cara de incertidumbre y miedo, quienes habían previsto disfrutar y gozar de una noche mágica de amistad y felicidad truncada por el caciquismo incomprensible de los mandatarios locales quienes, sin ningún tipo de criterio y con una alevosía más que sospechosa, habían prohibido el día anterior en forma de bando municipal la celebración de esta tradicional fiesta popular, sin ningún tipo de publicidad y sólo pegándolo en algunas papeleras de nuestro paseo, el mejor sitio posible para ese tipo de bando.

Servidor, que vive de servir, trabaja a diario (con la que está cayendo) con entusiasmo, pasión, esfuerzo, y siempre con una sonrisa, con la sana intención de que el visitante que nos ha elegido sea bien recibido, mejor atendido y con la idea de fidelizarlo para su vuelta, y se da cuenta de que quienes le tienen que apoyar, ayudar y proteger, toman decisiones en la dirección contraria, y a servidor se le queda cara de tonto, alma triste y corazón perplejo. A veces nos falla la memoria y nos olvidamos que vivimos de nuestra mejor industria que es la turística y con acciones prohibitivas como ésta, la verdad es que la ayudamos bien poco. Como servidor es un creyente a pies juntillas de la democracia y tiene confianza y respeto en los cargos elegidos en las urnas, está convencido de que éstos sabrán comprender, recapacitar y rectificar lo que servidor considera un error y si no es así, a servidor sólo le queda el consuelo de que perviva la memoria y seamos capaces de acordarnos de estas mal tomadas decisiones a la hora de volver a elegir a nuestros próximos "trabajadores" del municipio. Reflexionemos.