jueves, 10 de diciembre de 2009

UN DÍA EN EL BULLI

Sencillamente, magnífico. Perdonen a servidor que utilice un título ajeno para su opinión de hoy pero servidor no tiene ni la imaginación, ni, por supuesto, la desbordante creatividad de Ferrán y Albert Adrià.

El pasado viernes, la primera de la tele nacional tuvo a bien el ofrecer, con unos muy buenos datos de audiencia con casi millón y medio de espectadores, el documental creado y dirigido por los hermanos Adrià, "Un día en El Bulli", contándonos de una manera sencilla y didactica lo que es un día en su templo gastronómico literalmente hablando, ya que se grabó con dos cámaras de video digitales durante solo una jornada. Todo un ejercicio de sinceridad que nos permitió ver a los profesionales de la hostelería, a los amantes de esto del buen comer, a los curiosos, a los envidiosos o a cualquier televidente aburrido, la realidad del trabajo diario en un restaurante.

Ferrán Adrià es un tipo muy especial, un "messi" de la cocina, un genio de esos que solo aparecen de vez en cuando, un genial creador o una persona la mar de cercana. Todo ello dentro de un buen corazón de un cocinero que ha sido capaz de trasladar su amor y pasión por la gastronomía por todo el mundo y quien ha conseguido que la restauración y la hostelería puedan ocupar un hueco en el prime time de una cadena televisiva nacional, cosa casi impensable para muchos de nosotros que pasamos también doce, catorce o dieciséis horas trabajando y disfrutando en un restaurante.

En el pasado Congreso "Lo mejor de gastronomía" quedamos a tomar un café. Prontito, me dijo, que tenía faena y tenía que coordinarlo todo. Llegó con la misma prisa con la que habla, pero muy pausado en sus pensamientos. Llegó como cualquier cocinero, con una chaquetilla limpia en una percha y con la ilusión de quien va a repartir felicidad y compartir conocimientos ante una audiencia ávida de vanguardia y llena de emoción. Esa emoción de sus ojos vivos se despistaba en nuestra conversación y, entre palabras amables, amistosas y sencillas, su mente corría entre salsas y guarniciones, entre pescados y carnes, entre nuevas plantas, entre fogones y novísimos utensilios y seguía creando como si nunca saliese de una cocina mental en la que elaborar continuamente nuevas creaciones.

La hostelería y al restauración son realidades muy duras, el trabajo es pesado y cansado, las horas son interminables, cuanto más fiesta más trabajo, no hay tiempo para la familia ni los amigos, la vida privada pasa por que una mesa no se quede tomando copas y te rompan la tarde, pero muchos locos enamorados de esta maravillosa profesión seguimos día a día repartiendo felicidad para los estómagos agradecidos. Y, la verdad, es que somos felices por eso es de agradecer que un campeón del mundo, demuestre que la champions está muy bien pero que hay que pasar por la tercera división y crecer a base de trabajo, dedicación, esfuerzo, pasión y emoción.

Gracias Ferrán por enseñarnos que tus días son como los de la mayoría de nosotros y que tus logros nos animan en nuestro "un día en un restaurante cualquiera"-

Un detalle: cuando acaba su temporada, él mismo prepara un magnífico menú para todos sus empleados y les sirve con la franqueza, la amabilidad, la cercanía y la humildad que le caracteriza. Bravo por él.

Reflexionemos