domingo, 26 de julio de 2009

DE CURRÍCULOS, DE VERANOS Y DE CALORES

Permítanle a servidor que empiece por el final del título, de calores. A servidor esto de los calores veraniegos, la verdad es que le atrofian la poca inspiración que le ayuda , semana tras semana, a intentar expresar su opinión sobre esto de la gastronomía y de los muchos sabores y los pocos saberes. Estos calores nos llevan, en la soledad de las dulces tardes de estío, con el mar llorando de calor y con el cielo bostezando de sopor, a quien les escribe a ser un poco más espeso que de costumbre pero su obligación con sus lectores, le obliga a intentar reflexionar sobre la que está cayendo en el panorama gastronómico actual y, palabra, que lo va intentar porque como dice su gran amigo Vicento: "Gracias a Dios que se ha inventado la Heineken".

De Currículos. A servidor se le arruga el alma cuando recibe a diario una media de diez o quince currículos y recuerda con la amargura de la realidad actual, los años anteriores en los que encontrar personal para trabajar las duras jornadas de nuestra temporada estival era una misión complicada por la escasez de profesionales o menos profesionales que quisieran trabajar en verano. La tortilla, y no gastronómicamente hablando, ha dado la vuelta totalmente y la dura realidad del paro y la falta de los recursos mínimos aboca, por la necesidad, a buscar trabajo a muchos profesionales de otros sectores en lo que sea y como sea, y la hostelería ha sido por tradición el refugio caliente y discreto de los malos tiempos. Lo único es que este ascensor hostelero está lleno y casi no cabe nadie más y en tiempos de crisis quien maneja las cuerdas de subida y bajada tensa la realidad para su propio interés. Ustedes ya me entienden.

No hace demasiado tiempo algún cerebrito de la administración de nuestra comunidad intento convencer a los peores cerebros que le escuchaban de que la hostelería y la restauración serían el cobijo de los profesionales de la construcción u otros sectores que entrasen en recesión, sí es verdad miren la hemeroteca, pero estos fenómenos de idealistas dirigentes rara vez bajan a la arena de la realidad y no se dan cuenta que esto de dar de comer y beber, de fidelizar a la clientela, de vender nuestro sol y nuestro mar, de potenciar nuestra montaña, nuestros vinos, nuestra cultura o de defender nuestra mejor industria que es la turística, no es algo hueco y sencillo sino que es una realidad de la que vivimos muchos y de la que otros muchos en forma de currículos quisieran vivir. En tiempos difíciles, algunas veces es mejor no pensar y sí solucionar.

Y de veranos. Servidor ya no recuerda los veranos esos en los que terminaba a las tres o las cuatro de la mañana después de quince, dieciséis o más horas de trabajo, esos en los que los cliente se pegaban literalmente por la mesa de su local, esos en los que derrochaba alegría y esfuerzo por igual, esos en los que el trabajo era constante y estable, esos en los que el cliente disfrutaba y te hacía disfrutar, sí esos veranos que seguro todos recordamos. Al menos, a servidor siempre le quedan las enseñanzas de su querido padre quien le enseño que: "el pasado siempre es lo que alecciona al futuro". Oído cocina. Reflexionemos