sábado, 28 de febrero de 2009

MI BAR

Servidor está triste. Sí, permítanle a este asiduo contador de opiniones que comparta con todos ustedes estas horas de desasosiego y tristeza. Mi bar ha cerrado. No, no es de mi propiedad, servidor sólo tiene media maleta y un pisito que pertenece a su querida caja de ahorros por treinta y cinco años, pero servidor se sentía dueño y señor de su bar, ese de muchos días, de bastantes noches, de desayunos de alegría, de partidos de fútbol compartidos, de risas, de confidencias, de soledades animadas, de cariños encontrados, de amigos, de vida…

La hoja afilada y segadora de esta puta crisis ha cercenado con un corte doloroso y cruel la vida y las vidas de mi bar. Era predecible, cada vez éramos menos en el desayuno. Mari, la de hacienda, ya no tomaba su zumo de naranja natural y su media tostada con tomate y york, ahora un cafetito rápido y un vasito de agua,"no me abras un botellita, del grifo va bien". La cañita o el vermú de aperitivo, mejor en casa con una latita de mejillones de "hacendado", que sale más barato y "no están las cosas para derrochar". Los partidos de fútbol ya no son lo que eran, ahora son todos en abierto y las "Heineken" heladas se han convertido en litronas en el sofá de casa. Las noches dan miedo, para hacer algo de caja hay que estirar el horario y el esfuerzo para muy poca recompensa y el ánimo y la ilusión se diluyen en el aburrimiento.

Mi bar no ha aguantado la presión y ha cerrado. Los números no le salían. Las ilusiones y el trabajo caían en saco roto. A mi bar ya no le quedaban ni ideas, ni dinero. Los proveedores agobiaban, eso de poder aplazar los pagos una aventura imposible. Ahora no, "si no me pagas no puedo descargarte la mercancía que mi jefe me dice que todo al contando", "pero si llevo diez años comprando cerveza y siempre os he pagado". Nada, mi bar se ha quedado solo en su lucha por sobrevivir y ha acabado arrojando la toalla. Su banco al que todas las noches le llevaba la recaudación y el que recibía a mi bar con una falsa sonrisa, ahora le evita y le rehúye."Es que no podemos, son cosas de la central y no puedo hacer nada" confiesa con hipocresía el pelele del director de turno. Vaya rollo!!!

Servidor ya no podrá disfrutar con el alboroto y la alegría del desayuno mañanero, con su café hecho como le gusta y con su periódico, servidor no tomará su cervecita con aperitivo al mediodía esperando que salga Mari de hacienda, Juan de la gestoría o que Paco cierre el taller y nos cuente su batallita diaria. Pedro ya no bajará a ver el fútbol aunque discutamos todos los días que si Messi o que si Raúl, servidor dejará de hacer deporte con el futbolín, el billar o los dardos. Ya nada será igual por que mi bar nos ha dicho adiós para siempre y se ha ido al cementerio de los bares olvidados.

A servidor solo le queda el consuelo de su corazón facilón y el convencimiento que se volverá a enamorar de un nuevo bar y que la alegría, los amigos, el fútbol, las discusiones, las simpatías, las buenas compañías y el amor hallaran su lugar y su tiempo en "mi bar". Reflexionemos.