sábado, 12 de febrero de 2011

AMOR Y GASTRONOMÍA

Pasión, deseo, compromiso, ilusión, esperanza, amor.... deliciosas palabras que escucho a diario en los labios pasionales de mis muchos amigos cocineros o cocineras, de los hosteleros, de los restauradores y de todos estos sufridores amorosos del comer y el beber. Son palabras que les acompañan en su quehacer diario y que les guían en los vericuetos del difícil camino que se recorre antes de abrir la persiana cada mañana.
En estos tiempos en los que las palabras como desidia, desilusión, desesperanza o desamor, llenan y aburren las conversaciones de muchos de nosotros, es una inmensa alegría escuchar a nuestros profesionales de la restauración que en los momentos inciertos siguen apostando por trasmitir alegría, derrochar felicidad y repartir mucho, mucho amor culinario.
Este fin de semana muchos de nuestros negocios hoteleros y hosteleros de nuestra provincia arrancan su primer fin de semana importante del año. Llega el día de los enamorados y amor y la gastronomía han viajado y viajan unidos en una agradable armonía de sabores y amores.
Cocinar es amar, así de categórico se expresaba un buen amigo cocinero cuando me contaba y se emocionaba con el menú especial que ha preparado para San Valentín. La gastronomía en sí misma es un acto de amor y pasión, los sabores y sobre todo lo aromas son capaces de trasportarnos en tiempo y en espacio.
Los restaurantes en los que hemos conquistado a la mujer con la que queremos pasar la vida entera, a la  que nos quita el sueño, aquel hotelito en el que nos enamoramos y cumplimos nuestros sueños de juventud, esa comida con el grupo de amigos con los que compartimos largas horas en la oficina, o esa otra velada junto al mar en el chiringuito donde la luna nos contó su secretos... son delicados momentos de nuestra vida en los que la gastronomía y amor han servido para unir nuestros mejores sentimientos. Nuestros sentidos con la gastronomía se despiertan y se alteran, se revolucionan y se ponen a flor de piel, se remueven y se adormecen en la letanía del placer. Sentir y amar son sensaciones que la gastronomía acompaña y refuerza. Un lujo. Reflexionemos.