sábado, 10 de enero de 2009

GOLES SON SABORES (Publicado con retraso, la verdad es que lo escribí el día de la final de la eurocopa. lo siento)

A servidor esto del fútbol le gusta casi tanto como el buen comer y el buen beber. La buena gastronomía y el deporte rey mantienen un idilio maravilloso y perenne. Las cervecitas, los buenos aperitivos o las deliciosas cocas y empanadas, son el complemento ideal y, casi necesario, para el disfrute de un buen partido de fútbol. Si a los toros llevamos la merienda, el bocadillo de la media parte de un partido con el equipo de nuestros amores, nos sabe a gloria bendita,
Para servidor estas últimas semanas de buen comer y mejor fútbol ha supuesto una más que gratificante experiencia. Ante un pobre y soso caviar ruso y una caliente e insípida vodka rusa, tres maravillosos platos de fabada asturiana acompañados de un cuarto plato de rica escudella catalana con ligeros toques londinenses, marcaron el principio de un banquete en el que servidor sólo pensaba tomar tres platos.
La gastronomía escandinava es algo fría y cuadriculada, la garra de sus platos solo se sustenta en un par de ingredientes foráneos que nos hicieron recuperar el apetito después de un plato de callos madrileños del Atlético con residencia en Liverpool rematado de espuela y sufriendo con el menú tuvimos que esperar casi a las postrimerías, por lo de los postres, para tomar un delicioso quesillo de tetilla asturiano.
Los yogures griegos ya han perdido el buen papel que tuvieron hace cuatro años y con unos platos un poco más sencillos y menos elaborados pudimos deleitar a Europa con una de la red de torrijas madrileñas y con un arquero disparando flechas de vino de jerez.
El banquete para servidor no había hecho más que empezar y con el estómago casi desbordado de emoción, le llegó el postre de la gastronomía italiana, y como ya no estábamos para muchos atracones, nos fuimos directamente a los postres y ante los marrulleros y broncos espaguetis les sacamos de sus casillas con el ídem, y bebimos el chianti del triunfo. Y lo que son las cosas, y en este menú teníamos que repetir los fríos platos rusos y con el apetito intacto merendamos a fuerza de una exquisita escalibada catalana, de un pescaito de jerez con conexión inglesa y de un incansable mojo picón canario.
Llegar al final con hambre siempre es lo mejor y frente a una cerveza calentita alemana y unas tontas y mal perdedoras salchichas, había que ser consistentes y guardar un pedazo de cocido madrileño tan grande como dos torres (de nombre Fernando)
Un delicioso y esperado banquete servido por un sabio maitre de Hortaleza que aunque servidor no sabe lo que allí se guisa, seguro que es acojonante.
Gracias a todos por este maravilloso menú degustación de doce platos y que por favor no tarden tanto en repetirlo.
Este menú de palabras está dedicado a la memoria y a la afición de mi padre, a quien tanto le hubiese gustado disfrutar este esperado banquete, y con quien tanto compartí.