jueves, 21 de febrero de 2008

MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA

Servidor lleva ya bastantes folios rotos con la sana intención de glosar las bondades y los aciertos de lo acontecido gastronómicamente durante nuestro último año 2007, y siempre se le queda la sensación a quien les escribe que no va a poder expresar alegrías y esperanzas sino que, más bien, penas y desasosiegos.

Por corazón inquieto, servidor es optimista aunque palpando y viviendo la realidad de muchos establecimientos hosteleros de nuestra querida provincia, nota de una manera muy amarga, la cruda realidad. Mi buena voluntad me lleva a varias reflexiones, está claro que los meses de Enero y Febrero para la hostelería y la restauración, son meses bastante malos. Hay establecimientos que cierran por vacaciones, otros que aprovechan para dárselas a sus empleados, otros que se renuevan o acortan sus jornadas y algunos que, desgraciadamente, arrojan la toalla.

Es la época de las vacas flacas en las que el jefe mira "raro" al empleado que se cansa de no atender clientes, es el momento en que las visitas de los comerciales de turno se vuelven en un: "la cosa está muy mal", "si no vendo, no querrás que compre" y es cuando a todos nos embargan las sensaciones de que el mundo de la hostelería y la restauración es una de las actividades empresariales más difíciles y arriesgadas. Bueno, como servidor es siempre positivo, "nunca negativo", al mal tiempo buena cara. En los tiempos de crisis es cuando se debe de agudizar el ingenio, cuando las ideas, esas brillantes que ya hemos olvidado, vuelvan a nuestra mente y las pongamos en prácticas. Es el momento de olvidar el cajón lleno de las épocas de abundancia y dedicar el tiempo para la formación y el reciclaje, en esos impases podemos mejorar las ofertas de nuestros platos o nuestros vinos, mimar y cuidar al cliente que, en los momentos de locura y agobio olvidamos con trabajo y con mucha paciencia, esperar los tiempos mejores.

El oficio de hostelero, restaurador, camarero o freganchín no dura sólo los meses malos, sino que, con trabajo firme y buena voluntad, dura todo el año. Si los tiempos de crisis valen para algo, nos servirán, al menos, para seleccionar y que solo queden aquellos establecimientos y profesionales que hayan hecho bien sus deberes durante todo el año. Reflexionemos.