jueves, 15 de noviembre de 2012

Llegan las estrellas



Estos últimos días el mundo de la gastronomía nacional en general y el provincial en particular, anda un poquillo revuelto con la inminente presentación de la nueva edición de la Guía Michelín y su esperada lluvia de estrellas. La noche del próximo jueves, el Hotel Ritz de la capital madrileña se volverá a convertir en un hervidero, nunca mejor dicho, de emociones, elucubraciones, pronósticos, y a la postre, también de alegrías y frustraciones, llegan las estrellas.
    Después de varias ediciones -en especial la del pasado año en el que se concedieron nuevas estrellas pero también desaparecieron otras- en las que la famosa guía roja francesa ha demostrado un especial olvido a la gran cocina española y a sus restauradores, los vaticinios para la presente edición auguran una guía generosa y justa. Al margen de las valoraciones que siempre se realizan a posterior de su publicación, no hay que obviar que para muchos de nuestros visitantes de fuera de nuestras fronteras, la Guía Michelín sigue siendo un referente en lo que respecta a la información gastronómica. Nos guste más o menos, la guía francesa es un termómetro de la gastronomía mundial y a pesar de estar siempre envuelta en amores y desamores, estar en ella y poder disfrutar de sus galardones en forma de estrella, es para los restaurantes y para los cocineros, un reconocimiento esperado y deseado aunque algunos lo nieguen o no lo reconozcan, seguramente porque no están o no reciben el premio esperado. Tener o  tener una estrella Michelín puede cambiar totalmente un restaurante. Lo puede cambiar a mejor o incluso a veces, a peor.
    La responsabilidad de los poseedores de la preciada presea, les obliga a cambiar hábitos y a un mayor esfuerzo en el mantenimiento del nivel por el que han recibido el premio. Sin duda, una labor ardua y que produce un sobreesfuerzo en forma de seguir creciendo, de renovar constantemente y actualizar la oferta gastronómica, o incluso, entrar en el circuito de los viajes y presencias en los grandes eventos gastronómicos de España y el mundo. Algún gran profesional exitoso en su restaurante de fuera nuestra provincia y con una oferta gastronómica de primer nivel, me ha comentado con la boca pequeña que si le diesen una estrella, le convertirían en un esclavo de su trabajo y realmente, no tiene muy claro si vale la pena.
    En nuestra provincia la próxima aparición de la Guía Michelín se vive desde la tranquilidad. El gran momento de la cocina alicantina es el mejor argumento para la esperanza y son varios los nombres de restauradores alicantinos que suenan con fuerza. La tercera estrella de Quique Dacosta es una de nuestras grandes esperanzas y nos convertiría en una de las escasas provincias triestrelladas. Meritos, le sobran. Y la concedan o no, la importancia de Quique Dacosta en nuestra cocina provincial es todo un ejemplo para todos. Este año vuelven a sonar con fuerza María José Sanromán del Monastrell, Mari Carmen Vélez de La Sirena, y  Dani Frías de La Ereta, aunque puede haber alguna agradable sorpresa en nuestros ya estrellados cocineros.
     El trabajo ya está hecho, y bien hecho. Ahora a esperar el justo premio. Reflexionemos.