viernes, 7 de septiembre de 2012

Reflexiones de verano ( y III)


    A servidor le encantaría empezar este tercer y último artículo de su trilogía “Reflexiones de Verano” con una palabra en la cree firmemente y de la que está convencido que es la única que nos une a todos: esperanza.
    Ante el desconsuelo, ante la desgracia, ante los duros zarpazos a los que nos enfrentamos cada día, y ante el infortunio de una crisis inmerecida y cruel con nuestro sector hostelero, solo cabe creer y luchar por la esperanza. Pero la esperanza  es esquiva y a veces incluso traicionera. Tras un invierno realmente duro, tenso e irregular, el sector de la hostelería y la restauración de nuestra provincia había puesto sus esperanzas en la temporada estival pero afortunada o desgraciadamente volvemos a lo siempre, para algunos ha sido una temporada buena sin embargo para otros ha sido un verdadero desastre. Desde luego, en la disparidad de opiniones es  lo único que coincidimos todos, pero como ha servidor lo que le piden es que opine voy a mojarme y decirles que esta temporada ha sido atípica, diferente y muy, muy extraña.
Atípica por que el consumo se ha resentido enormemente en lo que se refiere a la hostelería a pie de playa. Las protagonistas del verano han sido las neveras traídas de casa llenas de bebidas y viandas con las que ahorrarse el aperitivo en la terracita de nuestra playa favorita. Atípica por su duración. Cada aña, y ya van varios que lo comentamos, los días de estancias vacacionales en nuestra provincia se van acortando poco a poco. Menos día pero también menos gastos, y lo peor de todo, es que por lógica debería ser al revés. Sí atípica, muy atípica.
    Y diferente, muy diferente. Año tras año el sector palma de primera mano el cambio de hábitos de sus clientes. Ven, más o menos incrédulos, como el cliente de cuatro o cinco visitas obligadas, solo va a su restaurante favorito el día que llega y el día que se va. Diferente por los cambios y recambios de la oferta, algunas incluso suicidadas y que producen más daños que ventajas. A veces el vender más es simplemente, perder más. Y lo que es peor, los daños colaterales que producen al sector. S. diferente, muy diferente.
    Y extraña. Extraña sobre todo por ser imprevisible totalmente. Algún amigo hostelero me contaba su perplejidad y asombro ante días enormes de trabajo y días catastróficos, y ante eso cualquier previsión es imposible por lo que repercute en el resultado final. Una día todo preparado, mil camareros, mil viandas y no va nadie. Y otro día que piensas que va a ser flojo, se llena. Y el perjudicado final, como siempre, el que menos se lo merece: el cliente.
Pero servidor sigue siendo positivo, muy positivo. Si en lo que tenemos que creer y en lo que nos puede ayudar a soportar mejor las incertidumbres, es la esperanza, pues a ello. Ya sabemos dónde estamos, lo que queremos y hacia dónde vamos. Ahora simplemente hay que afrontar el futuro con, trabajo, compromiso, esfuerzo, dedicación, pasión y esperanza, porque siempre es el pasado quien alecciona al futuro.
Reflexionemos